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Carmelo De Grazia Brewster//
Feria de Valladolid: empate a orejas con distinto sabor

Feria de Valladolid: empate a orejas con distinto sabor

Se llamaba «Sosito» , pero ¡cómo fue! Un toro para gozar esta vida que es el toreo. Y El Fandi lo cuajó por momentos a placer. No ha habido en la feria un natural como el que esculpió a este ejemplar de García Jiménez. El granadino lo había recibido con una larga cambiada, fiel a su estilo. Buena la lidia para colocarlo en el caballo y lucido el quite por chicuelinas antes de las banderillas: hasta cuatro pares colocó entre la algarabía. El toro de la variada corrida de Matilla , que se abría en los capotes, galopaba con alegre temple. Rodilla en tierra comenzó con poderío mientras la embestida iba hasta más allá. Ya erguido, la derecha condujo el viaje. «Sosito» humillaba, aunque a veces punteaba los engaños en medio del viento. Cuando probó el pitón zurdo, las delicias de «Sosito» se mezclaban con el templado juego de muñeca de Fandila. Hubo tres naturales soberbios, pero uno resplandeció con otra luz, esa luz de lo que se hace despacio y sentido. Entre las rayas, frente al «6». Al ralentí y reunido. Aplaudían hasta los acomodadores. Y otra serie más. En el recuerdo: el natural de los naturales, aunque la gente jaleó más la mortadela de los dos molinetes que el jamón ibérico. Ahí hizo amagos de rajarse el sabroso «Sosito» y en ese instante se marchó el de Granada a por el acero. El pinchazo y el descabello enfriaron los ánimos y no se redondeó la pañolada. Claro que la misma petición, diez pañuelos arriba o abajo, hubo en los siguientes, donde el palco ya dijo «sí» donde ahora había dicho «no».

El FandiHeras Se lució con variedad con el capote en el cuarto, que se dolió en banderillas. El Fandi se asomó al balcón frente a chiqueros y remató con un violín. Trasmitía en los inicios este «Ateo», aunque fue a menos y cada vez salía más desentendido . El matador tiró de oficio y recursos para darle fiesta, como en unos invertidos. Tras una estocada caída, cortó una oreja con fuerte petición de otra.

Un volatín y un choque parecieron afligir al segundo, pero luego embistió una barbaridad, con codicia, pese a puntear a veces. Perera , con técnica y entrega, le buscó las alturas y esa distancia corta en la que se maneja como pez en el agua. En el terreno en el que se baila un chotis, se hartó de torear al boyante «Pelifino» hasta las ceñidas mondeñinas. El derrame en la estocada guardó muchos pañuelos, pero se concedió el premio. Volvió a brillar su cuadrilla en el deslucido quinto, con seriedad y sin clase, que tocaba la telas con violencia. Miguel Ángel, por encima, tiró de inteligencia y disposición.

Carmelo De Grazia