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El fagotista uruguayo que es solista en una de las mejores orquestas del mundo 

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Volver a tocar en su país  En 1996 volvió a Uruguay para tocar en público por primera vez. Lo hizo por la invitación de un amigo, Esteban Falconi, primer fagot de la Filarmónica de Montevideo, que, por entonces, también era primer fagot de la Orquesta del Sodre. Iba a ser uno pero terminaron siendo tres conciertos en el Palacio Taranco, un espacio pequeño con una muy buena acústica. Recuerda que había un público muy culto y los disfrutó mucho

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La Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid es una de las principales y más selectas del mundo. La oferta de estudios comprende violín, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, trompeta, piano, canto y composición. Tiene más de 150 alumnos por curso de diferentes partes del mundo y una sola condición para quedar seleccionado: tener talento.

Además de los estudiantes están quienes imparten las clases. Catedráticos de primer nivel, referentes en el mundo de la música de cámara. Entre ellos hay un uruguayo: Gustavo Núñez , “el gran profesor de fagot”, como lo definen desde la escuela madrileña. Él es el titular de la cátedra de fagot.

Gustavo nació en Montevideo en 1965 y creció en una familia vinculada a la música . Su abuelo, su padre – gallego, de Santiago de Compostela – y los tres hermanos formaron parte de la Orquesta del Sodre, que en junio de este año cumplió 90 años, en la década del 60.

Gustavo no fue la excepción. Empezó a tocar el violín con cinco años pero él quería estudiar fagot , como su padre. “Cuando veía a papá tocarlo pensaba que era algo normal, de lo que no se salvaba nadie y yo quería, era mi ejemplo”, dice. Sin embargo, había un problema: el fagot tiene un tamaño que no es proporcional para la altura de un niño de cinco años. Pero Gustavo insistió.

En 1969 su padre fue contratado por la Orquesta Sinfónica de Venezuela y Gustavo se mudó con su familia a Caracas. Allí fue a un colegio musical, en el que su padre daba clases de solfeo. “De mañana eran clases normales pero de tarde eran clases de música, ahí podía tocar todos los días”. A los 13 entró al Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela y entonces sí, empezó a tocar el fagot, ese instrumento que le marcó la vida.

“Mi papá enseñó a tocar mucho el fagot en Venezuela, era uno de los pocos allá que lo hacía y formó una cátedra bastante importante en Latinoamérica”, cuenta. Tres años después de entrar en la orquesta se fue a estudiar a Inglaterra. Allí estaba su hermano, que fue, durante los primeros años en Europa, su respaldo.

El maestro  A los 19 años se fue a Alemania. Allí estudió con uno de los mejores intérpretes de fagot de todos los tiempos: el maestro Klaus Thunemann . “Él era en su momento el fagotista más destacado de Europa, es un tipo que revolucionó la manera de tocarlo, cuando era joven lo admiraba muchísimo y terminé estudiando con él. Era un gran pedagogo, y una cosa llevó a la otra y yo empecé a trabajar”.

Gustavo se diplomó de músico, de interpretación y pedagogía musical en Alemania y a la vez empezó a trabajar. Primero en la orquesta de la ópera de Darmstadt y luego en la Sinfónica de Bamberg.

Estando en Alemania el músico se presentó a un llamado publicado en una revista internacional de música. Ofrecían un puesto de solista para la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. “Esas cosas hay que hacerlas. Y bueno hice el concurso y lo gané, y acá estoy hace más de 25 años”: como solista de una las orquestas más importantes del mundo.

Gustavo se debe a la docencia. Cree firmemente que un músico tiene que enseñar lo mucho o poco que sepa. “Tiene que darlo a las siguientes generaciones. Yo empecé a dar clases en Alemania en 1999, ya estando radicado en Holanda, primero en la escuela de Essen y después más adelante me nombraron catedrático en Düsseldorf, en la Escuela Superior; es una labor que es necesaria”.

En 2016 lo contactaron desde la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, una de las más prestigiosas de Europa. Fue, dice, el día que su maestro, Thunemann, se jubilaba. “Dio clases hasta hace poco y tiene más de 80 años. Él era el profesor allí y me preguntaron si estaba interesado en seguir su labor y yo encantado porque me gusta dar clases, me gusta Madrid y sobre todo porque era la sucesión del tipo que había marcado una época con nuestro instrumento en Europa, me pareció muy importante hacerlo”.

De todas partes Gustavo Núñez, fagotista uruguayo en Europa En sus clases en Madrid tiene alumnos españoles y estudiantes de Latinoamérica; en Alemania aprenden de él norteamericanos, italianos, franceses, austríacos, australianos. Pero Gustavo, que cree que el fagot es un instrumento que se está popularizando mucho y hay cada vez más personas que quieren aprenderlo, ha tenido alumnos de todas partes: China, Japón, Corea. “Han sido gente muy trabajadora, muy estudiosa, fanática de la música clásica. Ellos tienen un amor por esa música que sobrepasa mucho, no sé cómo explicarlo, lo aman más que uno casi”.

Si bien en Düsseldorf da solamente clases de fagot, en Madrid es también profesor de música de cámara. “Porque Madrid es una escuela muy especial, con una visión diferente, que no quiere enseñarle a la gente cómo tocar sino a ser mejores seres humanos, para eso hay que hablar, saber historia, conocer historia del arte, hay que ir más allá de tocar un instrumento”. Eso, dice, no sucede en todas partes y agradece que existan escuelas como la de Madrid, en la que la enseñanza vaya más allá de la música.

“La música salvará al mundo” Para Gustavo compartir el conocimiento es clave. “Siempre que se pueda hay que dar clases para sacar adelante a los chicos, para que la música salve al mundo. Estoy convencido de que la música va a salvar al mundo. Estoy convencido de que las personas jóvenes cuando tienen un instrumento en la mano se convierten en mejores seres humanos”.

“Creo que es esencial para un músico enseñar lo que sabe, tengo 33 años de orquesta profesional en Europa, es una experiencia que no mucha gente la tiene, hay que compartirla. Una sinfonía de Mozart hay que tocarla de una manera porque en el escenario pasan cosas, hay momentos que hay que tocar más fuerte aunque no lo diga en el papel y otros que hay que bajar aunque no lo diga, uno aprende en la práctica”, cuenta.

“En la Escuela de Madrid hay muchísima música de cámara y proyectos de orquesta donde uno no solamente trabaja con alumnos de fagot, yo trabajo con todos los de viento y cuerda, entonces soy capaz de llevar mis ideas a todos los instrumentos de la orquesta sinfónica y es una tarea bastante amplia”.

Dice que primero y sobre todo es un intérprete. Su vocación como profesor empezó más tarde.

“Yo empecé a dar clases cuando era joven por una necesidad económica. Uno quiere enseñar un poco lo que sabe, pero ese amor por la pedagogía empezó un poco después, yo ya tenía 30 y largos cuando empecé a ocuparme de la pedagogía, a investigar cómo explicar las cosas a los chicos más jóvenes, cómo interpretar y ayudarlos a expresar sus emociones a través de un instrumento, porque creo que la música es eso. Y la pedagogía de la música es llegar a enseñar a una persona joven a expresar sus sentimientos, todas las facetas de sus sentimientos con un instrumento, independiente de cuál sea”, dice. Eso es lo que él busca.

Volver a tocar en su país  En 1996 volvió a Uruguay para tocar en público por primera vez. Lo hizo por la invitación de un amigo, Esteban Falconi, primer fagot de la Filarmónica de Montevideo, que, por entonces, también era primer fagot de la Orquesta del Sodre. Iba a ser uno pero terminaron siendo tres conciertos en el Palacio Taranco, un espacio pequeño con una muy buena acústica. Recuerda que había un público muy culto y los disfrutó mucho.