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“La batalla de Chile”, el cine como testigo de un magnicidio

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ÚLTIMA LLAMADA A LA “CLASE” POLÍTICA

Con la sociedad civil arrinconada por la violencia y los poderes fácticos y extranjeros, la salida del país de este entorno adverso sólo provendrá de la “clase” política haitiana. El académico explica que el asesinato de Moïse debe ser interpretado como una clara señal a la “clase” (enfatiza las comillas) política, que finalmente debe ponerse de acuerdo, porque ha sido la fuerza de la oligarquía donde ha radicado el debilitamiento de ésta, que pelea incesantemente sin alcanzar consensos

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El presidente haitiano Jovenel Moïse fue asesinado y su sangre derramada no sólo se une a la de muchos de sus compatriotas a lo largo de su historia reciente de turbulencia social y política, si no que incluso acompaña la de una isla asediada y acosada por la injusticia desde su origen como Estado independiente. 

Jean Eddy Saint Paul es Profesor de Sociología del Brooklyn College y Fundador del Instituto de Estudios Haitianos en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, y forma parte de la diáspora que ha realizado estudios fuera de su país, desde donde anhela la composición de Haití. En entrevista con  Crónica  ofrece su análisis sobre la historia del cisma que ha llevado a su país al actual punto de inflexión, intervenido hasta la violación y ultraje por la injerencia extranjera y los intereses de la “oligarquía retrógrada” del país, una de las sospechosas intelectuales del crimen de Moïse. Entre ellas se encuentra la familia Vorbe, cuya compañía operadora de energía fue confiscada por el gobierno. 

Los antecedentes de referencia más significativos en los años recientes que llevaron a la actual crisis se pueden remontar al 2010, explica Jean Eddy Saint Paul, año en que un sismo de siete grados devastó el paísy que además fue de elecciones, que elegiría al mandatario que lo reconstruiría. Se decidió entre el Michel Martelly y la ex primera dama, Mirlande Manigat; el primero, un músico que como político nadie tomaba en serio y que incluso se le recuerda como aquel que se bajaba los pantalones en el escenario; la segunda, una doctora en derecho, profesora en varias universidades.

Contra todo pronóstico, el cantante Michel Martelly, alias Sweet Micky, ganó la elección presidencial de 2010.  

De forma inverosímil, Martelly ganó, para lo cual el apoyo de la “comunidad internacional” fue elemental, señala el académico, enfáticamente el de Estados Unidos y muy específicamente la familia Clinton, la cual tiene diversos intereses económicos en la isla. (En 2010, Hillary Clinton era secretaria de Estado).

Martelly llegó a la presidencia desde un partido ficticio y creó uno más, y presentó a Jovenel Moïse como su protegido político, desconocido hasta entonces, y lo apoyó en las elecciones de 2016. El académico, quien realizó estudios de doctorado en El Colegio de México (Colmex), recuerda que fueron unas elecciones cuestionadas y de baja participación, pero en las que bastó el apoyo de EU y las oligarquías haitianas a la campaña de Moïse.

“Como candidato de los oligarcas, empezó a trabajar acorde a sus intereses, pero sucedió que a partir de 2018 hubo una disputa entre Moïse y una pequeña franja de la oligarquía. Entonces así, comenzó todo el problema: los amenazó y refirió que el Estado haitiano no podía ser preso de esta oligarquía depredadora. Este es un contexto importante para entender las causas coyunturales que llevaron a su asesinato”.

El mismo Moïse en una  entrevista en febrero de este año con  El País , dijo que “los oligarcas corruptos acostumbrados a controlar a los presidentes, a los ministros, al Parlamento y al poder judicial piensan que pueden tomar la presidencia, pero solo hay una camino: elecciones…”. Acusado por escándalos de corrupción, crisis económica, un mal manejo de la pandemia, autoritarismo y permitir la escalada de violencia en el país, Moïse tenía pocos aliados. Fue cercano a Trump y criticó el régimen venezolano, que pagó a Moïse filtrando documentos que lo vinculaban con casos de  corrupción del proyecto Petrocaribe.   

La población haitiana se manifestó en múltiples ocasiones a lo largo del mandato de Jovenel Moïse, acusado de una mala gestión, prepresión y corrupción.  (FOTO: CNN)

La crisis política y social que arrastraba el mandatario desde los últimos meses preveía unas elecciones adelantadas a 2022, cuando terminaría su mandato.    

SOCIEDAD CERCADA  

En todo este desbaratamiento político, ¿cuál ha sido el papel de la sociedad civil en este entramado político y de oligarquías? La respuesta de Saint Paul pasa a través de la historia misma de su gente para darle sentido a la acción de las personas, quienes se han manifestado en las calles desde hace años, pero bajo el riesgo y asedio no sólo gubernamental, sino de las pandillas y crimen organizado que acosa a la población. 

El académico, quien fue profesor de la Universidad de Guanajuato, se remonta a la instauración misma de Haití como Estado independiente, el 1 de enero de 1804. “En toda la historia de la modernidad occidental fue la única revolución antiesclavista exitosa, que se dio en un contexto donde era una amenaza para la comunidad internacional y los intereses del capitalismo industrial, que se sostenía de la explotación y la esclavitud. Desde entonces, desde el exterior han utilizado tácticas y estrategias para prevenir cualquier tipo de desarrollo integral y sostenible, cualquier esfuerzo para erigir en Haití un Estado al servicio de la nación”. 

Después de la expoliación francesa en los años subsecuentes en el siglo XIX y la intervención y ocupaciones estadunidenses en el siglo XX –de cuyo despojo se construyó Wall Street en Nueva York–, añade, no fueron suficientes, sino que además durante décadas apoyaron “a una de las dictaduras más salvajes de la región: la de los Duvalier”, en la segunda mitad del siglo pasado.  

“Este asesinato es la última oportunidad de la clase política para  ponerse de acuerdo y acercarse a la sociedad”

 

Con estos ejemplos históricos, agrega el sociólogo, los haitianos han podido hacer poco, puesto que ha habido “una comunidad internacional” que ha hecho todo lo posible para mantener a Haití en crisis y pobreza. “Es lo mismo cada vez que hay elecciones y se entrometen para imponer dirigentes de dudosa moralidad”.

En resumen, el especialista enfatiza que a lo largo de su historia han existido fuerzas poderosas externas que han tenido injerencia y han establecido alianzas con la élite económica, con “la clase depredadora de Haití”, para mantener a la población en estado de pobreza. “Obviamente los haitianos se han revelado, pero cuando protestaron, armas ilegales salieron de EU, Canadá, Israel y Francia, para matarlos”.

Los intereses extranjeros (EU) en Haití podrían ir más allá de su geopolítica, dice Jean Eddy Saint Paul, puesto que también se centrarían en sus recursos naturales. En su tesis de doctorado en el Colmex, documentó que desde 1959 se establecían acuerdos con EU para la explotación de gas natural e incluso señala que existen diversas especulaciones de que la isla tendría reservas petrolíferas mayores a las de Venezuela

“Se dice que Haití es un país pobre, pero más bien ha sido empobrecido. Si hubiera políticos y líderes con calidad moral y ética habría la posibilidad de utilizar los recursos para el desarrollo endógeno del país, pero la comunidad internacional no quiere eso, sino desestabilizarlo para acapararlos”.

ÚLTIMA LLAMADA A LA “CLASE” POLÍTICA

Con la sociedad civil arrinconada por la violencia y los poderes fácticos y extranjeros, la salida del país de este entorno adverso sólo provendrá de la “clase” política haitiana. El académico explica que el asesinato de Moïse debe ser interpretado como una clara señal a la “clase” (enfatiza las comillas) política, que finalmente debe ponerse de acuerdo, porque ha sido la fuerza de la oligarquía donde ha radicado el debilitamiento de ésta, que pelea incesantemente sin alcanzar consensos.

“Este asesinato es la última oportunidad que tiene la clase política para ponerse de acuerdo y proponer una solución a la sociedad. Adicionalmente, debe de haber una coalición entre la clase tradicional y la política en gestación, conformada por jóvenes talentosos, que fueron a estudiar en el extranjero, regresaron y están en la calle protestando”.

Lo que pasará en las siguientes semanas y meses dependerá de la capacidad de consenso y acuerdo de los actores locales, puntualiza el especialista, “porque en este momento, mientras transcurre esta entrevista hay un golpe de Estado en curso en Haití, orquestada por miembros de la oligarquía que han utilizado a Claude Joseph, que se presenta como primer ministro, pero que días antes había sido sustituido por Ariel Henry –cuyo nombramiento se hizo oficial un día antes del asesinato–, y ahora se dice que es líder de gobierno, pero eso es un golpe de Estado

“Claude Joseph ­–quien incluso había anunciado el retiro de su puesto en Twitter– es un tipo aliado con la oligarquía retrógrada tradicional y tiene buenos contactos en Naciones Unidas. Existen actores políticos que piensan en una posible solución, incluso acordes con el desarrollo de un golpe de Estado en curso”. 

Así lo refirió Moïse a  El País  en febrero: “El golpe de Estado no es un hecho puntual, sino una secuencia de acciones. Hasta ahora los Gobiernos eran títeres de los grupos económicos, pero esto hoy no sucede y nuestras decisiones sientan muy mal a quienes se sienten poderosos e intocables. Un pequeño grupo de oligarcas están detrás del golpe y quiere apoderarse del país”.

Jean Eddy Saint Paul señala que, por una parte, la “clase” política podrá resolver el cisma actual, en tanto que, por otra, la población se ha mantenido a la espera. “No sabemos la reacción de la población, eso puede cambiar el tablero político de Haití”. 

Varios haitianos, junto a un mural del presidente asesinado, Juvenal Moïse, en Puerto Príncipe.  (FOTO: EFE)

Solidaridad con el pueblo haitiano

“Como haitiano, en nombre de Haití y la diáspora, quiero hacer un llamado a todos mis hermanos y hermanas en México y Latinoamérica, en este momento muy doloroso en la vida política y social de nuestra nación, para que las repúblicas latinoamericanas manifiesten una su solidaridad con nuestro pueblo, que históricamente fue bondadoso y generoso con región”, señaló Jean Eddy Saint Paul.

El sociólogo recuerda que la nación apoyó a Simón Bolívar en su gesta independentista, también fue donde se confeccionó la primera bandera de Venezuela e incluso Francisco Javier Mina también tuvo apoyo en la guerra de independencia en México. 

“Desafortunadamente, en Latinoamérica no hay una educación para explicar a la gente el papel vanguardista que representó Haití para la libertad e independencia de muchas naciones. Sin embargo, este es el momento adecuado para el retorno de esta solidaridad con nuestro pueblo. Lo necesita y que será bien recibido”.  

VIDEOENTREVISTA.  Jean Eddy Saint Paul es Profesor de Sociología del Brooklyn College y Fundador del Instituto de Estudios Haitianos en la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Realizó estudios superiores en Colombia y en El Colegio de México.

 

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