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Haití, sin “hashtags” ni “corredores humanitarios”

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Médicos cubanos han viajado incluso a otros países, como Panamá y México, donde han contribuido a mitigar el impacto del letal SARS-CoV-2 en la población y sus sistemas sanitarios

El pasado 11 de julio protestas “espontáneas” se registraron en San Antonio de los Baños, cerca de La Habana, y en Palma Soriano, en la provincia de Santiago de Cuba, con personas vociferando “Libertad” y “Abajo la dictadura”.

Las protestas estuvieron precedidas por una intensa campaña en redes sociales de un grupo de artistas que solicitaban un “corredor humanitario” para Cuba, a la que luego se sumaron organizaciones de la sociedad civil, gobiernos y cubanos residentes en el exterior.

En Venezuela también se trató de implementar un cordón humanitario similar a través de la frontera con Colombia, en febrero de 2019, vaya coincidencia, también vía un grupo de artistas que hasta un concierto ofrecieron para impulsarlo.

Las manifestaciones en Cuba estuvieron motivadas, principalmente, en el recrudecimiento de la situación sanitaria a raíz del avance del Covid-19 en la isla, lo que ha provocado una crisis económica por la incidencia del virus en sectores vitales de su economía.  

La realidad es que el párrafo anterior pudiera aplicarse a cualquier nación del mundo, incluso grandes potencias que han visto como el nuevo coronavirus ha limitado sus capacidades económicas por el prolongado confinamiento y otras medidas restrictivas.

El gobierno cubano reconoce que como cualquier país del mundo enfrenta una crisis sanitaria y económica, pero rechaza el llamado corredor humanitario porque no se corresponde con lo que ocurre en la nación caribeña.

¿Es tan caótica la situación sanitaria generada en Cuba por el Covid-19?

Hasta el pasado 16 de julio, 275,608 personas habían sido diagnosticadas con la enfermedad en la isla, con 43,569 pacientes ingresados y 43,266 con evolución clínica estable.

Cuba registra 1,843 fallecidos,  una letalidad de 0,66%, muy por debajo del 2.15% en el mundo y 2.61% en Las Américas, con 230,140 personas recuperadas (83.5%).

La vigilancia epidemiológica desarrollada por Cuba para prevenir contagios por el Covid-19 ha sido elogiada por la Organización Panamericana de Salud (OPS), debido a sus resultados favorables.

Médicos cubanos han viajado incluso a otros países, como Panamá y México, donde han contribuido a mitigar el impacto del letal SARS-CoV-2 en la población y sus sistemas sanitarios.

Cuba también es el único país latinoamericano con dos vacunas propias en fase final de pruebas, la Abdala, con una eficacia de 92.28% después de aplicar tres dosis, y Soberana, con eficacia de 62% después de dos inyecciones.

Hay que recordar que la cobertura de salud en la isla es universal y gratuita, con énfasis en la atención primaria. Todos esos logros a pesar  de un bloqueo económico de Estados Unidos que ya se extiende por 61 años.

Contrario a Cuba, Haití comenzó apenas el viernes a aplicar sus primeras dosis de vacunas contra el Covid, en medio de una crisis económica agravada por los efectos del virus, la incidencia de las pandillas y el reciente asesinato de su presidente Jovenel Moise.

Pudo hacerlo por la llegada de 500,00 dosis donadas por el sistema Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No es el nuevo coronavirus que tiene postrado a Haití, la nación más pobre de las Américas y con una etiqueta nada envidiable de “Estado fallido”, reconocida y avalada desde hace décadas por la comunidad internacional.  

Pero no hay  campañas en las redes sociales, ni hashtags, ni artistas solidarios ni gestiones para un real y necesario corredor humanitario para Haití.

La doble moral de “cordones” sustentados en intereses y no en brindar asistencia sincera por efectos ostensibles, fruto de un virus que ha golpeado a todos sin misericordia.