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Entrevías

Bancamiga
Más allá de la Expo Prado

Pero una cosa es el planteo y otra cómo se lleva a término. Lo peor de la estética telenovelera contamina los lances amorosos del colombiano y la nieta, sostenidos por actores de escasísima entidad, los clichés de los pandilleros y la obsesión semihistérica de la comisaria Amanda (Itziar Atienza). Como para colmar la copa, la producción culminó la miniserie con la promesa de una nueva temporada, cuando toca a la puerta la esposa perdida del protagonista. Torpeza incalificable

Había que tener vocación noctámbula o madrugar los domingos para seguir las peripecias de la miniserie española Entrevías, por Cubavisión. Mas no era difícil dejar de morder los anzuelos: la promesa de una trama en la que violencia, crimen y respuesta policial se entrelazaban; la presencia de una recia pareja actoral, José Coronado y Luis Zahera, probadísima en Vivir sin permiso , que clasifica entre los mejores desempeños de los audiovisuales españoles en las últimas décadas; y la inclusión de la actriz cubana Laura Ramos en los protagónicos, egresada de la Escuela Nacional de Arte y dirigida por Pastor Vega en Las profecías de Amanda (1999), por Alberto Lecchi en Operación Fangio (2000) y por Juan Carlos Tabío en Aunque estés lejos (2003).

Las acciones se desarrollan en la época actual en un barrio de la periferia de Madrid, o de cualquier otra urbe española, en un contexto en el que la especulación inmobiliaria, la marginalidad social, la arribazón de inmigrantes, la corrupción e inoperancia en ciertos estamentos de las fuerzas policiales y el sistema judicial, y la inconsecuencia de clase política con el compromiso ciudadano impactan negativamente en la vida de la nación europea.

La realidad supera la ficción. El último domingo, mientras se retransmitía el capítulo final de Entrevías, el diario La Tribuna de Albacete publicaba el reportaje El auge de los narcopisos , que en uno de sus párrafos decía: «Proliferan como las setas después de una tormenta en las grandes ciudades de España. Madrid y Barcelona están a la cabeza, pero también se nota un incremento en otras zonas tan lejanas, geográficamente, como Galicia o Algeciras. Los bloques que tienen la desgracia de albergar uno de estos supermercados de la droga, como también son conocidos, viven cada día una pesadilla. Trasiego constante de compradores, desde viejos yonquis heroinómanos exhibiendo su profundo deterioro a compradores de marihuana, hachís o coca. Gritos, discusiones, peleas, sangre en el portal, orines y también prostitución. Un completo cartel del horror a la puerta de casa».

El nudo de Entrevías se tuerce en torno al drama que se le presenta a un ferretero (Tirso / Coronado) y sus vecinos, ante el pandillismo y el mal ambiente que imponen los narcos, quienes, a su vez, son el último eslabón de una cadena que conduce a altas esferas del poder económico. Quien debía servir de contrapeso entre el crimen y el orden, un cínico policía (Luis Zahera se roba la escena), queda fuera del juego.

Tirso vive por demás el destino de su nieta (Nona Sobo), víctima de una violación; del novio de esta (Felipe Londoño), un colombiano enredado en el malandraje y vástago de la cubana Gladys (Laura Ramos); y de sus hijos, que le reprochan sus malas pulgas. Su familia más cercana son sus antiguos compañeros de armas, dueño y cotilla del café de los bajos.

Como madeja, la del guionista David Bermejo funciona mediante hilos que se tejen y destejen, a veces de manera previsible, a veces a golpes de timón abruptos, que de momento dan la impresión que no llevan a parte alguna.

Pero una cosa es el planteo y otra cómo se lleva a término. Lo peor de la estética telenovelera contamina los lances amorosos del colombiano y la nieta, sostenidos por actores de escasísima entidad, los clichés de los pandilleros y la obsesión semihistérica de la comisaria Amanda (Itziar Atienza). Como para colmar la copa, la producción culminó la miniserie con la promesa de una nueva temporada, cuando toca a la puerta la esposa perdida del protagonista. Torpeza incalificable.